Un Santa Claus para niños especiales

 
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El autismo es una hipersensibilidad de los terminales sensoriales y se puede manifestar con diferentes características dentro del espectro que va desde lo más severo, hasta lo que casi no se puede percibir,  incluyendo el Síndrome de Asperger que permite que quienes lo padecen, sean altamente funcionales.
A los niños que padecen de esta condición, se les hace difícil llegar a un sitio y abrirse social o emocionalmente con un personaje como Santa. Y no es que no lo puedan disfrutar, es que debido a algunas particularidades propias de su condición, éstas muchas veces no les permiten sentirse cómodos en un ambiente con demasiados estímulos: lugares muy concurridos o con demasiado ruido.
Por este motivo surgió un proyecto para brindarles a estos pequeños  la oportunidad de disfrutar la experiencia de Santa Claus. Se trata de un Santa sensorial. El atiende a sus visitantes en un ambiente relajado, en medio de luces ténues y sin ninguna prisa, también se especializa en niños autistas: tiene la paciencia que se requiere para trabajar con ellos de manera que no sientan temor y que pasen un tiempo agradable.
“Esta experiencia nos ha cambiado la vida” dijo Bea Malpica, madre de Génesis (niña autista de 3 años), quien no había podido tener esta experiencia con Santa  desde que era recién nacida. “Génesis disfrutó cada momento con Santa, Mrs. Claus y con Hope (el perrito de terapia). No la había visto tan cómoda y  feliz”, comentó Malpica.
La idea surgió de Tessa Lee, una terapeuta de tan solo 23 años, como parte de su proyecto de maestría en terapia ocupacional para la universidad Adventist University of Health Sciences, en la Florida.
“Había escuchado acerda de un ‘Santa Sensorial’ y decidí intentar aplicar este concepto en la Florida” dijo  Lee quien lideró este proyecto y lo financió con su propio dinero sumado a la ayuda de familiares y amigos cercanos. Para lograr este innovador Santa, “modificamos el ambiente para atender las necesidades sensoriales de los niños que lo vienen a visitar”, dijo Lee.
Estos cambios incluyeron apagar las luces fluorescentes y reemplazarlas con otras que provean un ambiente más sutil. Los colores brillantes de las paredes fueron cubiertos con material suave y algunas luces blancas de navidad. Detrás de este material, en vez de poner a Santa en un trono que obliga al niño a estar en sus piernas, se colocó un sofá, una silla y una pelota de terapia para que el niño tuviera oportunidad de escoger dónde estaba más a gusto. Había un fotógrafo presente, entrenado para no emplear el flash de la cámara.
Entre otras precauciones, se le preguntó a cada padre sobre la situación particular de su hijo y si preferían música suave de navidad o silencio. Cada padre llenó un formulario de registro antes del evento, lo que ayudó a facilitar y desde luego, a individualizar la experiencia con Santa. Cada familia tuvo más de 10 minutos de atención personalizada antes de entrar a la sala, Santa tenía la información de cada niño y lo llamaba por su nombre.
“A los niños no se les apura a que vayan donde Santa, se les permite que se tomen el  tiempo que necesiten sin prisa, suficiente para que se sientan cómodos” dijo Lee.
Los niños que asistieron fueron escogidos a través de las escuelas cercanas y de un campamento para niños autistas en el estado de la Florida.
Unos 26 niños junto con sus familias disfrutaron de una experiencia única en su clase y memorable para toda la vida.

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