Mito o verdad: la dieta de los niños debe ser baja en grasas

 
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“En casa estamos todos a dieta”. Esa es una frase que solemos escuchar con frecuencia. A primera impresión, parecería ser una buena iniciativa, en especial considerando las altas tasas de obesidad a nivel mundial. El número de niños y adolescentes de entre cinco y 19 años obesos se multiplicó por diez desde 1975 a 2016, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ahora bien, ¿se pueden aplicar los mismos criterios a grandes y chicos? ¿O pueden los chicos comer los mismos productos dietéticos que los papás? Los especialistas te recomiendan pensarlo dos veces antes de darle a tu hijo sólo comidas bajas en grasas. Descubre en esta nota por qué.

Alimentación saludable
La Asociación Americana de Pediatría (AAP) indica que las familias deben tener un criterio más amplio al momento de decidir sobre la alimentación de los niños y que no deben medir sólo la cantidad de azúcar, grasa o nutrientes específicos en determinados alimentos. Las dietas con bajo contenido en grasa pueden incluso provocar un efecto contrario al buscado: que los niños aumenten en realidad de peso de forma poco saludable.  Esto puede pasar especialmente si se reemplaza la grasa por azúcar agregada.  La clave es lograr una dieta equilibrada.

Los sí y los no en las grasas
Los niños necesitan para su crecimiento y desarrollo lo que se denomina “grasas saludables”, como las que están presentes en la leche entera, el aceite de coco y el salmón. Consumir este tipo de alimentos les da la energía que necesitan para jugar y crecer y nunca se deben restringir de manera severa.

Por el contrario, no son igual de saludables, ni recomendables, las grasas que tienen comidas como pizzas, papas fritas y productos de carnes procesadas. También se encuentran en las carnes grasosas (como la res, el cerdo, el jamón, la ternera y el cordero). Un consumo alto de estas grasas saturadas puede ocasionar problemas de salud.

Por último, hay un tipo de grasas que debes evitar por completo: las grasas trans, presentes en alimentos altamente procesados. Cuando hagas las compras en el super, evita productos que en sus ingredientes tengan “aceites hidrogenados” o “manteca vegetal”.

Qué incluir en la dieta
Puedes incorporar al menú de la familia, por ejemplo, el pescado graso/azul (la sardina y el salmón capturado en estado salvaje), que es una fuente rica en grasas sanas y Omega 3. Como debes haber escuchado, el Omega-3 ayuda al desarrollo del cerebro y es bueno para el corazón. Y hay muchos otros alimentos con grasas saludables y que son deliciosos: el aceite de oliva, el aguacate y la mantequilla natural.

Recuerda que lo mejor es preparar comidas equilibradas que contengan una fuente de proteínas, una gran porción de verduras y un poco de grano integral o verduras con almidón. Y no te olvides de la fruta: es un delicioso y nutritivo postre.

Los snacks o bocadillos durante el día pueden ayudar a que tu hijo de edad pre-escolar no coma en exceso en las comidas principales del día. Los especialistas de la AAP recomiendan evitar los carbohidratos altamente procesados que no saciarán su hambre, como los cereales, pretzels y galletas saladas en forma de pescado con sabor. Los puedes reemplazar por manzana con mantequilla de maní o de almendras, yogurt griego con fruta, huevo cocido, trozos de verduras crudas con puré de garbanzos, o cubos de queso con galletas integrales (ver  Snacks saludables para los niños, ricos y fáciles de hacer).

Fotografía: iStock

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