¿Mito o verdad? El exceso de azúcar vuelve a los niños hiperactivos

 
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La idea de que las golosinas y los refrescos azucarados vuelven a los niños hiperactivos o un torbellino difícil de controlar está muy instalada. ¿Quién no culpó alguna vez a los caramelos en exceso de las fiestas de cumpleaños por las rabietas de los más pequeños?

Sin embargo, este mito puede no ser del todo cierto. Entérate en esta nota lo que dicen los científicos al respecto y los verdaderos motivos por los que dar refrescos y dulces a los niños pueden ser una mala idea.

El efecto “fiesta de cumpleaños”

Científicos del Child-Development Center de la Universidad de Vanderbilt, Estados Unidos, analizaron 16 estudios realizados hasta 1995 sobre los efectos del azúcar en los niños. Las investigaciones no encontraron evidencia de que los dulces afecten el comportamiento o rendimiento cognitivo de los pequeños. Aún así, los científicos no descartan que el azúcar sí genere pequeños efectos en algunos niños en particular.

La fuerte creencia de los padres de que las golosinas desatan la locura en sus pequeños puede deberse entonces a una asociación errónea, indican algunos especialistas. Por ejemplo, los niños comen dulces y toman refrescos azucarados en las fiestas de cumpleaños, eventos en los que están de por sí emocionados de sobremanera. Como el consumo y la emoción exacerbada ocurren al mismo tiempo, muchos papás pueden pensar que están conectados.

¿Qué ocurre en el largo plazo?

Si bien no hay evidencia de que el azúcar tenga un efecto en el corto plazo, horas después de que los niños degustaron esos chocolates y caramelos, sí puede haber un efecto en el largo plazo, advierte en su análisis sobre el tema José R. Alonso, doctor de la Universidad de Salamanca, España. Una investigación encontró que cuanto más azúcar y grasa procesada comían los niños de 4 años, más hiperactividad mostraban tres años después. Alonso indica que se debe tener en cuenta que puede influir también diferencias en el modo de educar entre los papás que dan comida rápida a sus hijos y los que optan por una dieta saludable.

Hay otros hallazgos interesantes en relación a los niños que específicamente tienen un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), una de las afecciones neuronales más comunes en la infancia. Algunos estudios muestran que el alto consumo de bebidas endulzadas aumenta sus probabilidades de tener problemas de atención.

Por otro lado, científicos de la Universidad de Cardiff que han investigado la relación entre la dieta y la violencia en la adultez y encontraron que niños que comían chocolates y golosinas a diario a los 10 años de edad, tenían más probabilidades de ser violentos de grandes.

Los peligros de lo dulce

Lo que sabemos con claridad es que el consumo en exceso de azúcar tiene un impacto negativo en la salud de los más pequeños y los más grandes en relación a problemas como obesidad, diabetes e hígado graso. Además, el azúcar aporta una gran cantidad de energía en forma inmediata pero no nutrientes que los niños precisan.

Cuando comemos algo dulce se genera también una sensación de satisfacción o placer inmediato, y eso podría impulsar un mayor consumo de alimentos con azúcar. En este sentido, hay quienes afirman que el azúcar es una droga insana, pero otros contraponen que no se han encontrado pruebas concluyentes de que comer dulces genere adicción. Ocurre que cuando se trata de los efectos del azúcar a nivel neurológico y de comportamiento, los científicos no suelen ponerse de acuerdo con facilidad.

En concreto, investigadores de la Universidad de California sí han observado en estudios experimentales cómo la sobredosis de azúcar puede afectar el aprendizaje y la memoria, mientras que el consumo de alimentos ricos en ácidos grados Omega-3 puede ayudar.

Recomendaciones: ¿cuánta azúcar debe consumir un niño?

La Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo reducido de azúcares libres a lo largo de toda la vida para grandes y niños, y que representen menos del 10 por ciento del consumo de calorías diarias. Estas recomendaciones se basan en las pruebas científicas que muestran la relación entre el consumo azúcares libres y el sobrepeso y las caries dentales.

Las “azúcares libres” son los monosacáridos y disacáridos añadidos a alimentos y bebidas dulces y que también están presentes en la miel, los jarabes y los jugos o zumos de frutas.

Para tener una medida más concreta, podemos tomar las recomendaciones de científicos de la Asociación Americana del Corazón. Ellos indican que que los niños de 2 a 18 años deben consumir menos de seis cucharaditas de azúcar añadida a diario, lo cual equivale a 25 gramos o 100 calorías, y no más de 250 mililitros de bebidas endulzadas en la semana. Además, aconsejan que los bebés menores de 2 años no consuman alimentos y bebidas con azúcar agregada.

Las “seis cucharaditas” son un ejemplo gráfico de lo que implica 25 gramos de azúcar y no significa que los papás sólo deben tener en cuenta las cucharaditas que agregan al chocolate con leche, por ejemplo. Hay muchos alimentos que ya tienen esos gramos de azúcar agregados, como los de confitería.

Fotografía: iStock /OcusFocus

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