El arte de corregir… sin herir

 
Castiga a tus niños de una manera que al mismo tiempo les ayude a aprender.
 
El arte de corregir… sin herir La vida de los padres está llena de aprendizajes. Uno de los más importantes, creo yo, tiene que ver con el arte de guiar a un hijo; de enseñarle la diferencia entre conductas apropiadas y las que
              
 
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La vida de los padres está llena de aprendizajes. Uno de los más importantes, creo yo, tiene que ver con el arte de guiar a un hijo; de enseñarle la diferencia entre conductas apropiadas y las que no lo son.

Como mamá de una niña de  5 años me doy cuenta de que casi no hay día que pase sin que yo necesite darle, a mi hija, pautas de conducta, guías para comportarse e interactuar con otros. Si quiere ver televisión pero es la hora de cenar, tengo que recordarle que en casa no se come de cara a una pantalla. Si viene a verla una amiguita y ella no quiere prestar sus juguetes, debo hacerla entender que no se puede hacer amigos cuando una no es capaz de compartir. Si está enfadada y empieza a subir el tono de voz tengo que dejarle claro que a mamá (a nadie, vamos) no se le grita.

Es debido a la frecuencia con que los padres corregimos o guiamos las conductas de nuestros niños, que resulta crucial revisar a menudo las técnicas que usamos con este fin.
Vale que nos preguntemos, por ejemplo: ¿Uso técnicas que promueven la comprensión de causas y consecuencias? ¿Uso el recurso del miedo para que mi niño me obedezca? ¿Mi lenguaje es respetuoso? ¿O, sin darme cuenta, tiendo a descalificar a mi niño?

El terreno de la disciplina (entendida como enseñanza y no como castigo) es uno de los más importantes y complejos. Aun cuando tenemos las mejores intenciones, los padres podemos perder la paciencia, podemos cometer errores y podemos actuar guiados por la desinformación, el estrés o el cansancio. Por estas razones, para la buena relación con un hijo, es muy saludable que revisemos a menudo cómo reaccionamos cuando aquel se porta mal. Comparto contigo algunas ideas que trato de poner en práctica y que quizá pueden ayudarte:

  • Utilicemos un lenguaje que promueva el cambio y sea constructivo: frases del tipo “qué niño tan malo eres”, “nunca obedeces”, “siempre te portas mal”, “¿eres inútil o qué?”  hieren y generan un ambiente de conflicto. No le des al niño la sensación de que es un “problema sin solución”.
  • Tratemos de explicar las consecuencias de un comportamiento que queremos eliminar: “si ves televisión a la hora de la cena no podremos conversar; la cena es nuestra ocasión de pasar tiempo en familia”.
  • Planteamientos como “porque lo digo yo y basta” no ayudan al niño a comprender qué es bueno y qué no; qué es aceptable en casa y qué no. Sembrar valores es más importante que imponer reglas a la fuerza.
  • Si cometemos un error (usar palabras que descalifican, por ejemplo) disculpémonos y déjemosle claro al niño, de alguna forma, que nuestra intención es enseñar. Evitemos el maltrato a toda costa.
  • Elogiemos al niño cuando logra aprender una buena conducta o cuando corrige un mal comportamiento. Elogia su esfuerzo y decisión cuando aprende a compartir juguetes; cuando ordena su habitación o cuando te ayuda en casa. Que de nuestra boca salgan no sólo “lecciones” sino palabras de aliento y aprecio cuando se comporta de modo apropiado.

Paola Cairo es una periodista que nació y creció en el Perú. Actualmente vive en Texas con su familia. Para conocerla más visita su blog Con Ojos de Mamá.

Foto: iStockphoto

 
 

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