Disciplina con time out

 
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1. Encontrar el lugar adecuado.
Debe ser un espacio razonablemente conveniente desde donde se lo pueda vigilar y donde no se lastime. Puede ayudar usar una silla, o una esterilla o un asiento apropiado. Si lo prefieres, hasta puedes asignarle un nombre al espacio, como “área de tranquilidad” o “la silla para pensar”. Sólo tienes que asegurarte de que el espacio sea aburrido y mantenga al chico alejado de las distracciones, de sus compañeros y hermanos, y hasta de objetos que pueda usar para irritarte. Si estás fuera de casa cuando se indisciplinen, un rincón en un supermercado, el banco de un parque o un área neutral fuera de tu auto también pueden llegar a ser espacios adecuados.

2. Decidir la cantidad de tiempo. La regla que se aplica normalmente es un minuto por cada año de edad: o sea que un niño de 2 años que se haya comportado mal o que haya tenido una rabieta incontenible, debería pasar allí dos minutos. Si ves que esa cantidad de tiempo es insuficiente, auméntala sin exagerar, digamos al doble, como máximo. Controla el tiempo con un cronómetro porque los chicos te pueden decir que ya pasó el tiempo y puede que no sea así. Lo importante aquí no es tanto la cantidad de tiempo que deba pasar allí ni cuantas veces al día o a la semana le toque, sino que aprenda el mensaje principal: el mal comportamiento tiene consecuencias. Cuanto más entiendan ese mensaje, mejor se comportarán.

3. Explícale qué es el time out. Pero no lo hagas cuando lo apliques sino cuando él/ella esté tranquilo y pueda entender que es allí donde lo(s) enviarás cuando no obedezcan ciertas reglas o cuando necesiten calmarse. Elige tres o cuatros comportamientos inaceptables (pegar, morder, gritos, rabietas, etc.) y trata de ser lo más específica posible en los castigos. Que también les quede claro el tiempo que deberán pasar allí cuando se indisciplinen.

4. No esperes para aplicar el castigo. Tan pronto el chico cometa una falta de disciplina, llévalo inmediatamente al espacio de time out. No esperes a terminar de cocinar o de mirar un programa televisivo. Los castigos deben ser inmediatos porque así los chicos lo relacionan como consecuencia de lo que acaban de hacer. Es que los pequeños tienen poca memoria y si el castigo no se aplica con la inmediatez necesaria, pueden confundir el motivo del time out.

5. Mantén siempre la calma. Evita los gritos, los castigos corporales, las críticas o frases como: “¡Ya te lo había anticipado…!”. Dile cuál fue su mal comportamiento y con voz firme pero calma ponlo en el área apropiada del time out. Las frases deben ser cortas y al grano: “No se muerde, Tomás… time out”.

6. Nunca cedas ni hagas excepciones. Si lo haces, entonces tus hijos no te tomarán ni a ti ni al castigo en serio. Ya verás que algunos se sientan por un par de segundos pero luego se levantan o intentan unirse al juego de los demás. Y aquí es donde todavía debes mantenerte más firme y más calma retornándolo al espacio de time out. Quizás hasta intenten mover la silla para poder mirar televisión o seguir el juego visualmente mientras están allí. Tampoco lo permitas. Si es necesario que lo mantengas forzado en el asiento mientras dure el castigo, hazlo. Y si se levanta sin permiso, vuelve a traerlo y comienza a contar el tiempo necesario desde cero. Con el tiempo, el chico se dará cuenta que es mejor y más rápido cumplir con el castigo que caer en estas idas y venidas.

7. Habla con tu hijo al terminar el castigo. Pregúntale si entendió por qué lo castigaste. Permítele que te dé sus explicaciones o razones, y luego recuérdale que si se vuelve a indisciplinar, volverá a ser castigado o deberá volver al espacio hasta calmarse. Elógialo por cumplir con el plazo del castigo, de manera que se sienta orgulloso de haber hecho lo que debía y no lo que quería.

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