Cómo preparar a tus hijos para el cambio de horario de otoño

 
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Spring forward, fall back. ¿Lo has escuchado? Unas simples palabras que hacen que todos recuerden el tan famoso cambio de horario: en primavera, perdermos una hora. En otoño, justo como pasa el domingo 3 de noviembre, ganamos una adicional. Si es complicado para los grandes, ¡imagínate para los más chiquitos de la casa!

Así como en los adultos, estos ajustes sin duda pueden afectar la salud y el desempeño escolar de nuestros niños en los primeros días de transición. Aunque no podamos evitarlo, sí existen varios truquitos que al poner en práctica desde ya, harán que tus criaturas logren adaptarse más rápidamente. ¡Toma nota!

Poco a poco

Los niños se acoplan mejor a un régimen establecido, pero tienes que empezar despacio. Intenta modificar su horario de dormir para que vayan a la cama unos 15 minutos más temprano cada día y el lunes siguiente al cambio, logren despertarse como si nada. Es esencial que hagas estos ajustes con bebés o niños más pequeños –desde sus siestas en la mañana hasta la rutina nocturna, pasando por horas de comer y juego, de manera que no se sientan fatigados y tú, querida mamá, podrás conciliar el sueño tranquilamente.

¡Cánsalos!

Una de mis amigas más cercanas ha descubierto un truco buenísimo: el fin de semana del cambio de horario, sus niños sólo entran a casa ¡para bañarse y dormir! En otras palabras, la idea es cansar a los pequeños con actividades físicas como correr, caminar o andar en bici… Lo que sea para que gasten sus energías. No será fácil para los padres, ¡pero créeme que valdrá la pena el esfuerzo!

Ajusta su alimentación

Si bien es cierto que adelantar o atrasar una hora desajustará el “reloj” interno de los niños, también la alimentación forma una parte esencial de todo. En los días previos al Daylight Saving Time (e incluso durante la primera semana) haz que tus hijos consuman más vegetales y frutas. Recuerda, ¡la variedad de color es clave! Si son picky-eaters, opta por batidos con toquecitos “escondidos” de jengibre, mantequilla de maní, cítricos, chía, entre otros, que incrementen su energía en las mañanas y los haga dormir mejor en las noches.

Luces y sombras

La melatonina en nuestro cuerpo es prácticamente como un reloj. Aumenta en las noches para poder dormir y se “apaga” cuando el sol está afuera, o con luces brillantes. Así que, como mamá, te toca controlar la cantidad de luz y sombra que recibe tu niño. Invierte en cortinas que bloqueen los rayos solares y ciérralas apenas tu chiquito vaya a la cama. En las mañanas, ábrelas poco a poco para que sea más fácil despertarse.

No olvides retirar los electrónicos al menos una hora antes de dormir y, de ser posible, haz que las luces de noche sean más tenues que de costumbre. La idea es nivelar y reajustar la rutina del niño a través de su ciclo natural.

Imagen vía Pixabay

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