8 reglas sencillas para criar niños saludables

 
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Por Wendy Hunter, M.D.

Tengo dos chicos de 8 y 13 años, por lo que entiendo qué se siente al estar bombardeada con consejos de cómo hacer que nuestros niños gocen de buena salud. También soy una pediatra que trabaja en una sala de emergencias y que tiene que mantenerse al tanto de las últimas investigaciones médicas. En mi vida personal y profesional he encontrado que las reglas más básicas suelen funcionar muy bien: ¡mis chicos no han faltado a la escuela en años! Por lo tanto, elegí las ocho (sin seguir un orden en particular) que tienen el mayor impacto sobre la salud de los niños. Estoy segura de que algunas de ellas tú ya las estás implementando.

1. Ofréceles muchas frutas y vegetales.
Comer cinco porciones diarias es bueno para el corazón, ayuda a protegernos contra el cáncer y previene la obesidad. Desafortunadamente, los chicos no se van a sentir persuadidos por lo que la literatura científica diga al respecto cuando los enfrentes a una porción de brócoli. Pero nosotros somos los responsables de enseñarles a nuestros hijos a adquirir el gusto por las frutas y los vegetales. Cuando un niño rechaza una comida, se debe más a que le resulta desconocida, que a una verdadera aversión por la misma. A veces tienes que insistir, que ofrecer las mismas comidas muchas veces. A pesar de que los bebés demuestran entusiasmo ante nuevos platos, los niños más grandes pueden necesitar intentarlo más de 15 veces antes de poder aceptarlos, apreciarlos y/o tolerarlos.

2. Enséñales a lavarse las manos con frecuencia.
Cuando empecé a ejercer como médica pediatra, estaba siempre enferma. Asumí que estar expuesta a las enfermedades de los niños era parte del trabajo. Aunque me lavaba las manos asiduamente, me di cuenta de que estaba inadvertidamente transfiriendo gérmenes del teclado de la computadora a mi boca cuando yo comía algún bocadillo entre las visitas de mis pacientes. Dejé de comer en la computadora y no he tenido más virus estomacales.
Los investigadores del International Scientific Forum on Home Hygiene (IFH) de Londres hicieron seguimiento a la transmisión de gérmenes en las casas, y encontraron que las manos de la gente son la fuente principal de la propagación de infecciones. Podemos echarles la culpa a nuestros animales, a los estornudos de los chicos y a los zapatos sucios, pero estos no son los responsables verdaderos.
Transferimos gérmenes desde las manos al interior de nuestros cuerpos cuando nos tocamos los ojos, la boca o la nariz. Un estudio reveló que los niños pequeños suelen hacer esto, por lo menos, 50 veces por hora. La meta, por lo tanto, es reducir la cantidad de gérmenes que tienen en sus manos. Ciertamente, las manijas de las puertas y los juguetes son depósitos de gérmenes, así que es necesario limpiarlos con frecuencia. Otras zonas conflictivas son los baños y las cocinas, donde se alojan, según el IFH, las superficies que están más contaminadas dentro de las casas.

3. Vacúnalos en tiempo y forma.
Para cuando los chicos cumplen los 2 años, ya deberían haber recibido 24 inyecciones. Por ese número elevado, muchos padres deciden demorar ciertas vacunas. Yo decidí posponerle a mi hija la inmunización contra el virus del papiloma humano (HPV, por sus siglas en inglés) porque estábamos muy ocupados y no encontraba la forma de programar las visitas necesarias para aplicarle las tres dosis que requiere. Y porque no me parecía importante protegerla de una enfermedad adulta cuando estaba en séptimo grado. Luego de analizar mi decisión, recordé que los programas de vacunación están meticulosamente diseñados para que las fechas de inmunizaciones se den en los momentos más efectivos. Los bebés y los niños preescolares necesitan recibir sus vacunas durante un período crítico que comienza cuando sus sistemas inmunológicos están lo suficientemente desarrollados como para responder a ellas, pero antes de que corran mayores riesgos de padecer alguna enfermedad peligrosa. El desviarse del programa no garantiza su efectividad y las demoras pueden contribuir a que haya mayores efectos secundarios. Por ejemplo, investigaciones de la University of Washington, en Seattle, encontraron que las vacunas que contienen sarampión son dos veces más probables de causar convulsiones febriles cuando se demora su aplicación. De más está decir que programé la vacunación de mi hija y terminó de recibir la serie de inmunizaciones de HPV antes de que cumpliera los 13 años.

4. Cepíllales los dientes con flúor.
Aunque tengan pocas caries, estas pueden afectarles la salud al provocarles dolor, malos hábitos alimentarios e interrumpirles el sueño. En un caso extremo, tuve una paciente de 11 años que se pasó una semana en el hospital por padecer una infección en sus dientes. Afortunadamente, cuando cepillas los dientes con flúor los estás protegiendo, ya que ayuda a construir y mantener su esmalte. Por lo tanto, una vez que a tus niños les salgan los dientecitos, cepíllalos, por lo menos dos veces al día, con una pasta dentífrica que contenga flúor. Debes estar atenta, pues los dentífricos para niños preescolares no suelen tener este elemento.

5.  Establece un horario regular para acostarse (empezando desde  que son bebés)
Les debo confesar que muchas veces demoré el horario de dormir de mis chicos para poder pasar más tiempo con ellos. Sin embargo, no les estaba haciendo ningún favor. Los niños que no reciben suficientes horas de sueño pueden volverse hiperactivos, y —según un estudio publicado en Pediatrics— se puede ver perjudicado su rendimiento escolar. La falta de sueño en los chicos afecta la hormona leptina, que ayuda a regular la ingestión de alimentos, el peso y el metabolismo. Esto implica que quienes no duermen lo suficiente son más propensos al sobrepeso o a la obesidad que aquellos que duermen durante más horas. Asegúrate de que tus hijos se acuesten temprano. Muchas investigaciones muestran que aquellos niños que se meten en la cama pasadas las 9:00 p.m. tienen más problemas de conducta. La buena noticia es que las consecuencias del mal comportamiento debido a que no duermen lo suficiente pueden revertirse una vez que consigamos que los chicos adopten una rutina de sueño más apropiada, sin importar su edad. Es un hecho que los chicos necesitan más horas de sueño de lo que muchos padres piensan: los bebés tienen que dormir de 11 a 14 horas (incluyendo siestas), los preescolares de 10 a 13 horas y los escolares de 9 a 11 horas. Por lo tanto, establece una rutina nocturna y no la modifiques. Si les lees un libro, cantan una canción o dicen una plegaria, que sea aproximadamente a la misma hora todas las noches (antes de la 9:00 p.m.). Así, los chicos encontrarán su ritmo natural y dormirán el número correcto de horas que necesitan.

6. Insiste en el uso del casco.
En un estante del consultorio pediátrico guardamos un casco abollado con una nota que dice: “Este casco me salvó la vida cuando mi cabeza chocó contra el capó de un coche”. El autor es un niño de 13 años que lo estaba usando mientras montaba en bicicleta. Lo tenemos allí como un recordatorio de que se pueden prevenir heridas serias cuando se utiliza un casco. Sin embargo, según Safe Kids Worlwide, menos de la mitad de los chicos lo usa, y más de un tercio lo utiliza incorrectamente. Recuerda también que tu actitud es lo que tiene la mayor influencia sobre tus hijos: insiste en que se pongan casco cuando anden en cualquier cosa que tenga ruedas, sin olvidarte de ponerte uno tú mismo. Para saber si está puesto correctamente, el casco debe estar nivelado sobre la cabeza y cubrir parte de la frente. Chequea que esté bien colocado poniendo dos dedos sobre las cejas. El casco debe tocar tus dedos y no tiene que moverse de lado a lado. Centraliza el broche para que quede apretado debajo de la barbilla. Abrocha y ajusta la correa hasta que quede firme y no puedas colocar más de uno o dos dedos entre la correa y la barbilla. Cuando tus chicos abran la boca, el casco debería apretarles la cabeza. Por último, ajusta la hebilla corredera en ambas correas laterales para formar una “Y” debajo y enfrente de cada oreja.

7. Aplica protector solar todo el año.
Si bien la exposición al sol afecta la piel a cualquier edad, las quemaduras solares durante la niñez son particularmente riesgosas. Si las células de la piel se dañan cuando los niños son pequeños, sus probabilidades de desarrollar cáncer de piel en algún momento de su vida son más altas. Los chicos son especialmente sensibles a los efectos dañinos de la radiación ultravioleta porque la piel tiene una capa protectora externa más delgada que la de los adultos. A los niños mayores de 6 meses, ponles protector cada vez que estén en contacto con el sol. Los bebés más chiquitos directamente no deben exponerse. Protégelos también con ropa que minimice la exposición, como los sombreros de ala ancha y gafas oscuras con protección ultravioleta, y mantenlos en la sombra lo más que puedas.

8. Usa cinturón de seguridad.
La Administración Nacional de la Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA, por sus siglas en inglés) reportó que tres de cada cuatro niños están mal sujetados en los automóviles. Asegúrate de seguir cuidadosamente las instrucciones para amarrar las sillas para autos, los asientos elevados o boosters y los cinturones de seguridad. La mayoría de los productos que se compran hoy en día vienen con algún tipo de sistema para prevenir caídas (una de las principales causas de heridas no fatales entre los chicos, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades). Desafortunadamente, no siempre se usan correctamente. En promedio, más de 9,400 niños son llevados al hospital todos los años por heridas asociadas a las sillitas altas y los asientos elevados, y en el 93 por ciento de los casos estas se deben a caídas, explica Safe Kids Worldwide. Dos terceras partes de los chicos que se caen es por intentar trepar o pararse arriba de estas sillas. Los bebés son más propensos a las caídas porque sus cabezas son desproporcionadamente más grandes que el resto del cuerpo, lo cual hace que les pese más. Es verdad que es casi imposible evitar que los chicos trepen, pero puedes mantener a los tuyos sanos y salvos, y prevenir tu propia angustia al utilizar los cinturones de seguridad cuando estos estén disponibles.

No olvides que..
“Los bebés y los niños preescolares necesitan recibir sus vacunas durante un período crítico que comienza cuando sus sistemas inmunológicos están lo suficientemente desarrollados para responder a ellas”.

Amamanta, si puedes
Debemos admitir que no todas las mamás pueden dar el pecho. A mí, por ejemplo, me costó mantener el ritmo de la lactancia mientras trabajaba y tuve que suplementar con leche de fórmula. Yo sabía que si amamantaba a mi bebé exclusivamente, aunque fuera una pequeña cantidad de leche materna, lo estaría beneficiando por múltiples razones. Por una parte, ofrece variedad: a diferencia de la fórmula, el contenido de calorías y el sabor de la leche materna cambia en cada alimentación por lo que el paladar del bebé se desarrolla por la diversidad de gustos nuevos. A su vez, la leche materna contiene azúcares llamados oligosacáridos que los protegen contra las infecciones y crean un ambiente intestinal saludable que es favorable para la proliferación de la bacteria buena. Esto va a facilitar la digestión una vez que los niños empiecen a comer comida sólida. Aún más, los pequeños que son amamantados con leche materna se enferman menos (o sus síntomas son más leves) que aquellos niños que son alimentados a base de leche de fórmula.

Foto: Monashee Alonso/Getty Images 

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