¡Cuidado con los consejos que le das a tu hijo!

 
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Tarde de viernes, llegas cansado, juega tu equipo de baloncesto preferido, estás en el sofá de la sala, los niños corren y te interrumpen, y entonces tu hijo te dice entre juego y juego : “Papá, en la escuela hay un niño que me molesta mucho”.  Tú, sin pensar, le respondes mientras estás viendo el juego de baloncesto: “A esos molestosos a veces hay que pegarles un buen puñetazo en la cara y te dejan de molestar”. Tu hijo te mira extrañado, sigue jugando, tu sigues viendo el juego como si nada… Un comentario sin importancia, un chiste, nada relevante según tú. El lunes recibes una llamada de la escuela. Tu hijo está en la oficina, castigado por golpear fuertemente a un compañero en la cara. Llegas a la oficina y para sorpresa tuya tu hijo te recibe feliz, orgulloso: “¡¡Papá, te hice caso, le di un puñetazo en la cara, así como tu me dijiste!!”. La directora de la escuela te mira con cara de pocos amigos. Lo grave no es solo el puñetazo sino que tu hijo confirme que fuiste tú el que le aconsejo semejante torpeza… Tú, obviamente, ni siquiera recuerdas haber dicho eso, el juego de baloncesto estaba demasiado bueno… Lo niegas… Tu esposa no te cree. Eres el villano de la semana.

Otro ejemplo: llegas un día tarde a casa, cansado, tu hija está cantando fuertemente y tu le dices: “Por favor, cállate que me molesta tu voz”. ¡Listo! Le has creado el estigma de que su voz molesta y quizás era la futura Shakira, pero esta “marca” le impedirá desarrollar su talento. Así de grave puede ser un comentario tuyo.

Hay que tener mucho cuidado con lo que le dices a tus hijos. Lo que para ti es solo un comentario irónico, sin importancia, ¡para ellos puede ser una verdadera lección de vida! Yo era experto en tratar a mis hijas como amigas y les hacía a menudo comentarios poco adecuados para su edad, hasta que mi esposa mi regañó. Me hizo ver que los hijos ven el mundo como niños que son y tú eres la verdad absoluta. He ahí la importancia de cuidar cada palabra que les dices. Por eso mi invitación es a que pienses las cosas dos veces antes de decirlas. Como regla de vida. ¡Con los hijos piénsalas mucho más! Tu eres el capitán del barco de la vida de tu hijo. De ti depende que llegue a buen puerto.

Te deseo mucho éxito y espero que nunca cometas la brutalidad que yo cometí con el consejo que le di a mi hijo.

¡¡Mucho éxito!!

Felipe Viel

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