Mi hijo es zurdo

 
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Yo no soy mamá de ningún ser ilustre, no por ahora al menos, pero puedo contarles que la primera vez que noté que mi pequeña Emilie usaba predominantemente la mano izquierda me sentí algo inquieta. No sé si fue el desconocimiento (sobre zurdos sabía muy poco) o el hecho de que mi nena pueda ser claramente distinta a la mayoría de la gente (se calcula que un 10% de la población es zurda); en cualquier caso debo confesar que durante algunos días traté de averiguar si era posible modificar esa tendencia en la niña. Emilie tenía 9 meses y yo, en vez de dejar la cuchara a su alcance para que ella la cogiera, se la daba directamente en la mano derecha.

Indiferente a mis experimentos, Emilie cambiaba de mano y cogía la cuchara con la zurda, la misma mano que hoy, cerca ya de cumplir los 4 años, emplea para comer, pintar, escribir y sostener su miniraqueta de tenis.

Es debido a este tipo de lateralidad (el predominio funcional de un lado del cuerpo sobre el otro) casi definida en mi niña, que decidí buscar información y me animé a preguntar a algunos zurdos sobre sus propias experiencias. En el camino descubrí que hay un universo de libros, sitios web, mitos y teorías sobre este tema. Uno hasta puede comprar los más singulares productos para zurdos, desde cuchillos hasta palos de golf.

Sin embargo, ¿qué necesitan saber y hacer los padres de un niño zurdo? Ante todo, estar conscientes de que ser zurdo no es un defecto (por lo tanto no hay que curarlo ni corregirlo), pero sí hay una diferencia que se hace evidente cuando el niño aprende a escribir, a practicar un deporte o a cortar con tijeras. Esa fue la sensación que tuve cuando acompañé a Emilie a una de sus clases de tenis y comprobé que la niña no le pegaba a ninguna pelota mientras sostenía la raqueta con la mano derecha. “Creo que mi nena es zurda”, le dije a la profesora, con la intención de que tomara nota del hecho y modificara su método de enseñanza.

La clave, me parece, está en reducir las frustraciones del niño y lograr un equilibrio armónico. Hay que apoyar al chico con información y recursos adecuados, pero sin hacer que se sienta distinto debido a su zurdera. Es decir, yo creo que a Emilie sí le resulta útil tener un par de tijeras diseñadas para zurdos o al menos para ambidextros (se frustra mucho con las tijeras para diestros), pero no tengo intención alguna de comprarle un cuchillo especial para cortar el pan o un reloj con la numeración en sentido contrario; eso recortaría su capacidad de adaptación.

Problemas como la mala caligrafía o la dificultad para cortar, se pueden corregir a tiempo con la ayuda de los padres. Lo que una vez sembrada no se puede cambiar fácilmente es la actitud de una persona frente a su zurdera. Si la lleva como un sufrimiento, será una carga. Si la lleva como lo que es, una diferencia que en nada lo disminuye, superará obstáculos y, por qué no, triunfará, en un mundo de oportunidades que se alcanzan con la mano derecha o con la izquierda. Y ¿qué mejor que las obras majestuosas de genios zurdos como Da Vinci, Beethoven, Chaplin o Napoleón, para demostrarlo? –Por Paola Cairo Roldán

Foto: TK

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