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Niños: el miedo al doctor

 
Formas para disminuir el miedo al doctor.
 
Niños: el miedo al doctor En su más reciente examen médico de rutina, mi hija, con 4 años recién cumplidos, recibió nada menos que cuatro pinchazos. Aquel super-combo de vacunas (¡auchhh, dos en cada pierna!) hicieron
              
 

En su más reciente examen médico de rutina, mi hija, con 4 años recién cumplidos, recibió nada menos que cuatro pinchazos.
Aquel super-combo de vacunas (¡auchhh, dos en cada pierna!) hicieron no sólo que la niña estallara en llanto sino que la visita al doctor descienda, probablemente, al último lugar entre sus actividades de interés.

Hace poco, a propósito de otra vacuna que recibió, no sólo recordé el episodio sino que empecé a preguntarme qué puedo hacer para ayudar a Emilie a que perciba la visita al pediatra como una experiencia, si no placentera, por lo menos positiva para su salud. (Continuado)

Dado que por ahora Emilie asocia ir al pediatra con la posibilidad de otro pinchazo, mi misión no es fácil. Sin embargo, creo que además de los stickers y chupetes de consuelo que los niños reciben en los consultorios médicos, los padres podemos contribuir de diversas formas a reducir el miedo infantil al estetoscopio, a las enfermeras y al pediatra en sí.

Creo, por ejemplo, que una de las experiencias más útiles para Emilie es acompañarme a citas médicas simples. En tres o cuatro ocasiones –una de ellas, días después de su última vacuna– la niña ha podido observar cómo reacciona su propia madre ante un doctor o una aguja a punto de ingresar en su brazo. Felizmente, yo no le tengo miedo a los pinchazos así que he podido explicarle con tranquilidad que el dolorcito dura unos segundos y, lo más importante, demostrarle que en un consultorio médico recibo, no amenazas, sino más bien atención y cuidados.

Otro buen recurso para disipar el temor de los niños ante la visita al doctor es el uso de los kits médicos de juguete. A Emilie no le provoca ir al pediatra pero le encanta su doctor’s kit y le fascina curar pacientes. Pretende escuchar los latidos del corazón; examina ojos, boca y utiliza curitas para tratar boo-boos imaginarios y reales.  El juego es, pues, un excelente vehículo para plantear una imagen positiva del quehacer de un doctor.

Aquí en Houston, además, hay un museo dedicado a la salud donde los niños pueden recorrer gigantescas reproducciones de las partes del cuerpo humano. Busca este tipo de espacios en tu ciudad. Con la orientación de los padres, estas experiencias ayudan a que el pequeño vaya conociendo su cuerpo y comprenda qué se hace para protegerlo: un terreno en el que la prevención y la visita de rutina al médico es una herramienta de enorme valor.

Paola Cairo es una periodista que nació y creció en el Perú. Actualmente vive en Texas con su familia. Para conocerla más visita su blog Con Ojos de Mamá.

Foto: iStockphoto

 
 
 
 
 

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