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Lo que los museos ofrecen a los niños

 
Los museos no son solamente arte, tienen mucho más que ofrecer a los niños.
 
Lo que los museos ofrecen a los niños Tengo frente a mí un dibujo hecho por mi hija. Es uno de los muchos dibujos --a Emilie le encanta dibujar-- que ella suele hacer sobre la mesa del desayuno, en la cama o en su escritorio. Dále un
              
 

Tengo frente a mí un dibujo hecho por mi hija. Es uno de los muchos dibujos –a Emilie le encanta dibujar– que ella suele hacer sobre la mesa del desayuno, en la cama o en su escritorio. Dále un lápiz o una crayola y Emilie dibuja con pasión desde brócolis y mandarinas hasta elegantes zebras, princesas y familias.

El dibujo que tengo aquí conmigo tiene un detalle que lo distingue: entre los personajes de la escena hay un diminuto perro marrón de orejas grandes. Es un perro que Emi dibujó tras haber visitado una hermosa exhibición de pinturas impresionistas y post impresionistas, que el Museo de Bellas Artes montó hace poco aquí en Houston. Su padre me cuenta que cuando regresaron a casa (ese domingo, después de visitar la exhibición, mamá se fue al cine) él se dispuso a preparar la cena, mientras la niña se dirigió a la mesa de la cocina y empezó a dibujar, concentradísima, durante casi una hora.

A sus 6 años, como evidencia este dibujo que tengo en la mano, uno de los aspectos que más impresionó a Emilie es que estos genios de la pintura, incluyeran en numerosos cuadros a graciosos y adorables perros, animales que ella, por cierto, quiere mucho. La conexión entre la visita al museo, su mundo interior y su deseo de dibujar, es un pequeño pero muy gráfico ejemplo de cómo esta experiencia, en conjunto, puede estimular en un niño ideas y sensaciones: imágenes y curiosidades; descubrimiento y placer (cada vez que Emilie descubrió un perro en un cuadro, la cara se le iluminó).

Yo creo que nunca es demasiado temprano para llevar a un niño a un museo. Todavía recuerdo la primera vez que Emilie puso pie en uno. Fue en the McMichael Canadian Art Collection y lo de poner pie es un decir porque todavía no tenía ni un año e iba en brazos de su padre. El McMichael tiene una colección espectacular del Grupo de los Siete y la nena, por lo que sugería el rápido movimiento de sus piernas, disfrutó mucho de los sublimes paisajes naturales pintados por los maestros canadienses. Aprovecha las actividades familiares que los museos ofrecen. Visita de la mano de tu niño exhibiciones de diverso tipo: desde aquellas que ponen frente a tí obras maestras de la pintura, la escultura o la creación en vidrio hasta las que explican cómo es que los dinosaurios desaparecieron del planeta o cuál es la función de la sangre en el cuerpo (Houston tiene un estupendo Museo de la Salud).

Es cierto que la visita a un museo requiere de una capacidad de atención y una disciplina (no hacer bulla, no tocar objetos en exhibición, no comer mientras recorremos el recinto) que en general los niños más pequeños aun no tienen. Sin embargo, siempre hay formas de organizarce y siempre puedes consultar con el staff educativo de un museo, a fin de encontrar actividades apropiadas para tu niño, estrategias para motivar su atención y temas que pueden atrapar su interés.

Enseñarle a un niño cómo aprovechar y disfrutar de la visita a un museo toma tiempo, paciencia y creatividad. Pero, cuando empieces a ver los resultados, sentirás que le estás regalando a tu hijo habilidades muy valiosas. Para mencionar sólo tres: la posibilidad de apreciar el arte, el deseo de aprender de otras épocas y el interés por la historia, que es cuna de innumerables lecciones y descubrimientos que le dan perspectiva a la vida.
Foto: iStockphoto

Paola Cairo es una periodista que nació y creció en el Perú. Actualmente vive en Texas con su familia. Para conocerla más visita su blog Con Ojos de Mamá.

 
 
 
 
 

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