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Cuando el pequeño se “porta mal” y la culpa la tienes tú

 
¿Cómo tu comportamiento afecta a tus niños?
 
Cuando el pequeño se “porta mal” y la culpa la tienes tú Una mañana reciente, en la biblioteca pública de mi barrio, ocurrió un episodio que me hizo pensar en cómo los adultos -mamá, papá, niñera, abuela- a veces somos los directos causantes de que
              
 

Una mañana reciente, en la biblioteca pública de mi barrio, ocurrió un episodio que me hizo pensar en cómo los adultos -mamá, papá, niñera, abuela- a veces somos los directos causantes de que el niño “se porte mal” o haga una rabieta de película. Mientras yo escribía en una de las mesas de la biblioteca, un pequeño quizá de año y medio, rompió el silencio reinante con sus alaridos y su tenaz resistencia a ser cargado por quien lo “cuidaba”; una joven más interesada en Youtube, que en atender al bebé.

El niño, obviamente, se había hartado de no poder tocar nada y, claro, de no poder moverse a sus anchas. ¿Malcriado? Para nada. El pequeñín se estaba comportando como corresponde a un niño de su edad: curioso, fascinado por los nuevos objetos a su alrededor (libros, computadoras, DVDs) y enamorado de su capacidad de moverse por sí mismo. Así que cualquier intento de detener esos impulsos desataba su frustración.

La escena me hizo pensar en como a veces los adultos olvidamos o ignoramos esos factores que empujan a un pequeño hacia el enfado, el cansancio o el llanto. Muchos de estos “detonantes” pueden ser controlados por nosotros, los adultos y, sin embargo, hay ocasiones en que es precisamente el adulto quien propicia las rabietas de un menor. ¿Tiene sentido llevar a un bebé a una biblioteca cuando, antes que leerle un libro, ofrecerle juguetes o pasar tiempo con él, lo que hacemos es navegar por Internet, mientras tratamos de sujetar al niño entre los pies? ¿Podemos esperar que un bebé se entretenga solo, sin molestar a nadie, ni tocar nada? ¡Por supuesto que no!

Situaciones así de ilógicas ocurren cuando, por ejemplo, llevamos al pequeñín con nosotros para hacer decenas de mandados, pero no tenemos agua, ni leche, ni meriendas para atender su hambre o sed (mucho menos un juguete que lo distraiga). ¿Alguna vez has tratado de comprar comida en el super, recoger la ropa de la lavandería y en el camino echarle gasolina al auto, mientras el bebé llora a gritos porque está agotado y hambriento? A mí me ha pasado que llegamos a un restaurante y yo no tengo un solo juguete a mano para que mi energética nena de cuatro años, soporte la media hora de espera hasta que su comida llegue a la mesa. Precisamente porque sé que las mamás aprendemos con la experiencia (y con el deseo de corregir errores), es que me pareció útil escribir sobre este tema.

Sobre esas ocasiones en que quizás eres tú, mamá o papá, quien coloca al niño en una situación donde le cuesta mucho superar el cansancio, la incomodidad física o la frustración. Los niños tienen horarios, rutinas y necesidades de acuerdo a su evolución biológica y emocional. Los adultos debemos respetar y atender estas necesidades. Cuando no lo hacemos, rápidamente surjen los problemas, incluidos los de conducta. Así que la próxima vez que estés a punto de decirle a tu niño lo “mal” que se porta, quizás valga la pena que primero te preguntes si es que eres tú quien motiva buena parte de sus llantos, sus alaridos o sus rabietas. Quizás te lleves más de una sorpresa. Y si es así, corrige de tu parte, y cuanto antes, lo que haya que corregir.

Paola Cairo es una periodista que nació y creció en el Perú. Actualmente vive en Texas con su familia. Para conocerla más visita su blog Con Ojos de Mamá.

Foto: iStockphoto

 
 
 
 
 

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