Thanksgiving con tono Latino

 
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Agradecer en español

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Hasta que se mudó a los Estados Unidos en 2009, Thanksgiving era para Carlota Mendoza una fiesta que había conocido en las clases de inglés que recibía de chica en su colegio de Caracas. Nueve años y tres hijos después, a esta mamá venezolana que vive en Houston, Texas, no se le pasa ningún detalle para que todos disfruten de su celebración favorita: “Me parece precioso que gire en torno a agradecer y que, al no ser religiosa, nos una a todos”, cuenta la madre de Andrés Ignacio, de 9 años, Eugenia, de 7, y Cristóbal, de 2. Año tras año, pueden variar los detalles, pero nunca los amigos que inundan la fiesta. “Tenemos un grupo hermoso, compuesto en su mayoría por venezolanos, pero también por gente de otros países de Latinoamérica. Tenerlos a ellos es como tener aquí un pedacito de nuestra familia”, dice Carlota. Que los miembros de esta familia elegida provengan de una misma región del planeta hace que todos aprecien mucho la ensalada de gallina para acompañar el pavo que los Mendoza han importado de las fiestas venezolanas, que consigan divertirse con anécdotas del pasado y que los ritmos Latinos siempre terminen saliendo por algún parlante. “Aunque no bailamos como si fuese una fiesta, nunca falta que alguno de los invitados termine por ahí danzando salsa, merengue o reggaeton”, cuenta Carlota.

“A la mañana siguiente de Thanksgiving, en el desayuno, preparamos arepas rellenas con el pavo que quedó de la noche anterior”, dice Carlota. 

Con los hijos como guía

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“Mamá, ¿qué vamos a cocinar para Thanksgiving?”, le preguntó su hijo Max, hoy de 9 años, a Nadia Guaida un día de noviembre de 2014. Cuando ella le respondió que su familia no celebraba Acción de Gracias porque no era algo típico en su México natal, el niño le respondió: “Esta ya es nuestra tradición, nosotros vivimos acá”. Con solo 5 años, Max seguramente no era consciente de que les estaba dando una importante lección a sus padres. “Le dije que tenía razón y que nuestra primera tradición sería hacer un viaje de 3 o 4 días a algún lugar especial, al que iríamos solo nosotros cinco. Andrés, mi esposo, mis hijas Melissa, de 7 años, Isabella, de 4, él y yo. No invitaríamos a nadie más”, dice esta mamá residente en Orange County, California. Desde entonces, visitaron Cancún, en México, Miami y Houston, ciudad en la que también residieron algún tiempo atrás. Estas vacaciones suelen terminar justo a tiempo para volver a casa antes de la cena de Acción de Gracias. “Ese día, cada integrante de la familia me pide el plato que más le gusta y yo se lo cocino. En las ocasiones en las que celebramos en casa de amigos, llevamos esa comida para compartirla con ellos”, dice Nadia. En la mesa nunca pueden faltar una ensalada de queso feta que es la favorita de Melissa, ni los taquitos dorados con carne molida que le gustan tanto al pequeño Max. El año pasado, se juntaron con el grupo de buenos amigos Latinos que conocieron en el colegio de los niños. Los mismos a los que los Guaida recurren cuando hay algún problema con los chicos, hay que salir corriendo a un hospital o el tráfico les está impidiendo llegar a horario para retirar a sus hijos de la escuela. “Ellos son las personas que Diosito me va mandando para que no extrañe tanto a mi familia”, dice Nadia agradecida.

Una preparación familiar

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La llegada de noviembre se vive con expectativa en lo de los colombianos Paula Zelaya y David Isaza porque anuncia la proximidad de Acción de Gracias, su celebración favorita. Ya a comienzo de mes, sus hijas Isabela, de 9 años, Sabrina, de 7, y Micaela, de 3, empiezan a preguntar por el desfile de Macy’s, los típicos balloons y Nueva York. Es que cada mañana de Thanksgiving, esta familia residente en Miami se sienta frente al televisor, las pequeñas con sus donas, los padres con su cafecito, y juntos miran la famosa parade neoyorquina. “Mis hijas saben que al final viene Santa y para ellas es como que ahí empieza la Navidad”, dice Zelaya. Una vez que el programa termina, la familia pone manos a la obra en la cocina y en la decoración de una casa que, desde las 5:30 de la tarde, se llenará de amigos. Es tradición que el pavo lo haga David y Paula, un stuffing con pasas y chorizo colorado con fama entre los comensales. El menú se completa con arroz con coco colombiano y, de postre, buñuelos con natilla que las nenas ayudan a preparar. Cuando la comida está lista, las niñas escogen las mejores ramas secas del jardín para armar un árbol de las gracias que ese día oficiará de centro de mesa y que decorará la casa hasta el Año Nuevo. En la fiesta nunca falta el show de música que comienzan los niños y siguen los adultos con ritmos colombianos. “Thanksgiving es, sin dudarlo, mi holiday preferido. Me encanta que no haya regalos y que nos juntemos para compartir, para cocinar en familia y para agradecer”, dice Zelaya.

Puente entre dos culturas

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A Tomás, de 10 años, y Samuel, de 6, los hijos de Vanessa y Joshua Coppes, no les llama la atención cuando en casa de los abuelos de Iowa celebran Thanksgiving por partida doble: una con la familia del abuelo y otra con la de la abuela. Desde que nacieron, estos niños, de padre americano y madre dominicana, hacen honor a las tradiciones todas las veces que sea necesario. En su calendario se festejan dos veces el Día del Padre, otras dos el Día de la Madre y se hace tanta algarabía para el 4 de Julio como para el 27 de Febrero, Día de la Independencia de la República Dominicana. “Yo siempre les digo que somos unos beneficiados porque podemos honrar las tradiciones de dos países, definiendo de qué manera queremos celebrarlas”, dice Coppes. Como Acción de Gracias es una fiesta esencialmente americana, durante muchos años Vanessa y su familia viajaron desde Marlboro, New Jersey, donde viven, a casa de sus suegros. Hasta que un día, cuando los niños se hicieron más grandes, comenzaron a preguntar por qué el pavo no visitaba su hogar. A partir de entonces, decidieron que un año lo pasarían en Iowa y el otro en su propia casa. “El día que pasamos con la familia de mi suegro, se cocina chili aparte del pavo. Y cuando nos juntamos con los familiares de mi suegra, comemos ensaladas de Cool Whip con frutas, nueces, pasas y colorantes, muy típicas del MidWest”, cuenta Vanessa. Eso sí, en ninguna de las reuniones falta la ensalada de papas, manzanas rojas y cebolla colorada característica de las celebraciones dominicanas. “Yo siento que integro algo mío dentro de una tradición americana. Y, además, ¡a todo el mundo le encanta!”, dice Vanessa.

“Es fundamental que nuestros hijos sepan que vienen de dos mundos diferentes, unidos por amor. Cuán hermoso es ver la fusión de una familia bicultural”, dice Vanessa Coppes. 

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Este artículo fue publicado originalmente en la revista Parents Latina, edición Octubre / Noviembre 2018

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