Por qué debemos cuidar de nuestra familia

 
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Todo el mundo tiende a identificarse con una tradición, tierra o costumbre. Eso crea un sentimiento de unidad, algo que da significado a tu origen y a quién eres tú a día de hoy.

La familia es un modelo de sociedad con una relación consanguínea, viene de padres a hijos, que se crea fundamentalmente para poder subsistir y generar un motivo para convivir y tener la sensación de pertenencia a algo. Nos identificamos con esos gestos y expresiones familiares, nos sentimos tranquilos con esa mirada tierna de nuestra madre con la que nos dice “te quiero” sin palabras. La familia nos despierta una serie de emociones que hacen que podamos darle sentido y rumbo a nuestra vida.

Si una persona no tiene familia, es como un barco que no tiene un ancla. Un barco que siempre está a la deriva, a merced de las tormentas y a las dificultades. Si ese barco puede echar el ancla en un puerto, será más fácil que sobreviva. Cuando nos encontramos ante problemas o adversidades, tendemos a recurrir a la familia, lo que sería nuestro puerto. Allí dónde uno se siente protegido, cómodo y seguro.

Cuando no se tiene familia, el ancla que nos proporciona equilibrio es la fe. La fe es la mejor manera de mantener la felicidad y superar dificultades. A falta de fe, las personas tienden a buscar otra familia a la que pertenecer, otra comunidad con la que puedan identificarse.

A fin de cuentas, la familia es lo que da sentido a tu vida. Es la base social primaria más equilibrada y que mayor bienestar te da. Es la mejor manera de dar significado a nuestra vida, saber de dónde venimos y a dónde vamos. La familia te enseña lo que está bien y lo que está mal, te educa y te ayuda a madurar y crecer como persona. Así como a desarrollarte y poder valerte por ti mismo y, así, poder volar y seguir creciendo fuera del nido. La familia es nuestro equilibrio emocional, y hay que cuidarla como si fuese oro.

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