Cómo lograr ser una madre juguetona y obtener resultados

 
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Siempre admiré a esos padres que se subían a los parques de juegos, toboganes, hacían caras graciosas mientras contaban una historia o anteponían la felicidad de su hijo a sí mismos. Yo confieso que no soy una mamá juguetona por naturaleza.

Más propensa a regañar que a correr, yo provengo de una línea de alemanes sin sentido del humor, que ven el juego como una perdida [de tiempo] , y lo peor, como una interrupción a mejorar el conocimiento.

De todas formas, he tratado de ser graciosa. Cuando mi hijo, Ben, era pequeñito, yo pretendía que un peluche volaba, y ese era un truco. Pero con 7 años, Ben está más sofisticado, y me deja saber lo que piensa.

“Mamá, estás intentado hacer que Batman hable”, me dijo recientemente, mientras yo movía rígidamente en círculos a Batman.

“¿Qué debe decir?”, le pregunté.  “Él se ve como si tuviera la espalda mal”.

Ben movió su cabeza y suspiró, “¿No sabes cómo hacer cosas cool como Papi hace?”

Mi esposo, Erik, tiene los trucos para impartirle diversión a su tiempo con Ben, usando voces tontas con los juguetes o creando divertidos escenarios imaginarios.  Es común escuchar erupciones de júbilo durante sus juegos o antes de dormir, mientras pretenden que la cama es precipicio en ruinas y el piso una piscina de lava. La pregunta de Ben hizo que me diera cuenta que necesito copiar algunas cosas del estilo de Erik.

Pensando en mi interacción con Ben, me vino a la mente que casi siempre estabamos distanciados por las tareas diarias, conmigo al acecho de él, con las manos en las caderas, dándole instrucciones de que tiene que hacer su tarea o recoger sus juguetes. Tal vez mi comportamiento era el problema. Un acercamiento diferente, mejor, hubiera sido llegar a lograr todo lo que teníamos que hacer a un nivel de juego.

Sacudiéndome el estar consciente de mis pensamientos:  (“¡Me veo ridícula!”), y silenciando las voces de mis abuelos: (“¡A los padres que juegan no los respetan!”) no fue fácil. La vez siguiente que me vi con la misma actitud, tome el juguete más cercano -un muñeco- y usé una voz tonta para hacer que SpongeBob SquarePants sonara muy serio.

“Oh, no Ben”, dijo bailando. “Creo que tu madre hará que me pare de cabeza si no haces tu tarea escolar”. Puse el muñeco boca a bajo.

Ben se río y tomó el lápiz.

“¡Oh no, Ben, si no haces el primer problema de matemáticas tu madre me hará hacer piruetas y desafortunadamente no tengo brazos!”

Me sentí tonta, pero Ben, sonriendo lo hizo más rápido y con menos quejas que antes.

Desde ese momento, he usado esta simple táctica. No solo que eso lo inspira a trabajar, pero también nos da una nueva forma de unirnos más. Ben se siente motivado, no castigado. “Eso estuvo taaaaan divertido”, me dijo.  “¡Eres la mejor mamá!”

Mientras estoy lejos de ser la mejor mamá, estoy avanzando en una madre menos seria pero más efectiva.

“¿Recuerdas cuando usamos los pies como si fueran un carro?” Ben preguntaría. O “¿Recuerdas aquel juego de gases con laser?” (Sí eso fue un gran éxito para Mamá).

Lo recuerdo. Yo amo ese momento en que el tiempo y las reglas desaparecieron dentro de nuestras risas. La forma en que Ben me lanzaba sus brazos, sus ojos llenos de luz, porque  había soltado las restricciones de la adultez y me abrace al amor de un niño por lo jocoso.

Publicado originalmente en la edición Junio/Julio 2015 de FamilyFun magazine.

Texto: Jordan E. Rosenfeld de FamilyFun

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