5 formas de ser ecológicos

 
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reci1. Precicla.

A pesar de que la mayoría de nosotros sabemos el valor del reciclaje, mi familia también aprecia poder preciclar, o sea considerar el envoltorio del producto antes de comprarlo. A mis chicos les encanta hacerme notar en el supermercado todos los productos que están excesivamente empaquetados, como las tiras de queso —que a su vez vienen envueltas cada una en plástico— y las bolsitas individuales de zanahorias. Realmente, ¿hemos perdido la capacidad de poder comprar una bolsa grande de zanahorias y armar nuestras propias bolsitas para la lonchera de nuestros hijos? Al limitar lo que entra en nuestra casa, ya estaremos recortando lo que vamos a botar a la basura. Eso me hizo darme cuenta de todas las cosas que estaba ingresando a mi casa. Decidí reutilizar todo lo que allí había. Esto nos ha ayudado a ahorrar dinero y a salvar el planeta.

2. Lleva tu propia bolsa.

Para que mis hijos sintieran que me estaban ayudando y marcando una diferencia, les di una tarea muy importante, que aborda otro de los problemas ambientales más graves: la bolsita de plástico. A pesar de que había invertido dinero en muchas bolsas de tela, cada vez que íbamos al mercado me las olvidaba. Así que les pedí a mis chicos que ellos me recordaran de tomar mis bolsas reutilizables cada vez que salíamos. Les gustó tanto este rol que intentaron convencer a sus amigos de hacer lo mismo en sus casas.

3. Ahorra agua.

Una de las sugerencias más comunes para hacerlo es no utilizar la lavadora de platos cuando está medio vacía. También hay otra manera de enseñarles a los chicos que cada gotita cuenta. Por ejemplo, los vasos que utilizan a lo largo del día se multiplican y termino teniendo una docena de ellos llenos por la mitad, simplemente porque se olvidaron a quién le pertenece cada uno. Cada vez que se abre el grifo del agua caen alrededor de 3 a 5 galones de la misma por minuto, por lo que estábamos gastando entre 10 y 12 galones lavando estos vasos innecesariamente. Para que pudieran acordarse de sus vasos, decoramos unos ganchos de madera con los nombres de ellos y los pegamos al borde de los vasos. Así siempre saben dónde está el vaso, lavamos menos y ellos tienen un rol activo en el ahorro del agua.

4. Come mejor.

Antes, una dieta equilibrada significaba que no desparramara mi café. Pero he recorrido un largo camino y entendí que la comida que le doy a mi familia es crucial para el bienestar emocional y físico de mis chicos. Sin embargo, sé que las opciones son abrumadoras. ¿Orgánico? ¿Local? ¿Sin azúcar? ¿Sin gluten? ¿Libre de lácteos y de grasa? ¿Sin sabor? Después de mucho deliberar, decidí mejorar nuestra dieta. Nos pasamos una mañana en el mercado para que los chicos eligieran una variada selección de frutas frescas y luego volvimos a casa para comparar manzanas con naranjas, literalmente. Corté rebanadas de las frutas y las puse en platitos pequeños con sus meriendas favoritas, que consistían en gomitas de fruta, y luego les tapé los ojos para que probaran y decidieran qué les gustaba más. A ambos les gustó la fruta fresca de temporada, por lo que determinamos que era mejor consumir ésas en vez de las gomitas. Hicimos lo mismo con los vegetales y pidieron jugar al mismo juego.

5. Apaga las luces.

Recordarles a los chicos que deben hacer esto cuando salen de un cuarto es una habilidad que se tiene que enseñar. Designa a alguno de tus hijos para supervisar si están apagadas las luces que no están siendo utilizadas en ese momento. El 15 por ciento del consumo total de electricidad de tu casa proviene de luces que están encendidas. Así tus hijos estarán contribuyendo al bienestar de la Tierra y del presupuesto familiar. También se pueden fijar si hay otros aparatos, como el teléfono móvil o el secador de pelo, que están enchufados innecesariamente. Si quieres incentivarlos aún más, multa al infractor por el mal uso de la electricidad. Los ingresos acumulados se podrían dedicar a comprar algo ecológico, como un reloj automático programable que enciende y apaga las luces o bombillas compactas fosforescentes y de bajo consumo, que gastan el 75 por ciento menos de electricidad que las comunes.

Hay muchas cosas por hacer para salvar la Tierra. Siempre habrá más de las que podamos resolver. Por ahora, me contento con poder concentrarme en crearles a mis hijos una base fuerte, y, aunque ya dejé de lado mis aspiraciones más idealistas, aún puedo confiar en que nuestros cambios, aunque sencillos, sí hacen una diferencia.

 

Foto: iStockphoto

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