Cómo manejar las visitas después del parto

 
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Por Brette McWhorter Sember de American Baby

En casa… ¡pero no sola!

El teléfono comienza a llamar, el timbre suena como una alarma y amigos y familiares bien intencionados comienzan la marcha hacia tu casa. Si bien prometen no permanecer mucho tiempo e insisten en que no ocasionarán problemas, probablemente te sientas obligada a hacer que se sientan cómodos.

El consejo habitual es limitar las visitas. Parece fácil, pero es difícil decirle a tu abuela de 89 años que tiene que esperar unas semanas para ver a su primer bisnieto. Además, agradeces todos esos presentes, flores y cazuelas que la gente te entrega, y es lindo recibir felicitaciones de vez en cuando. Y, por supuesto, quieres mostrar con orgullo a tu bebé.

La clave es que las visitas sean lo menos estresantes posible. Te mostraremos cómo.

Toma las cosas con calma

Has atravesado un arduo viaje… Oye, por algún motivo se denomina “parto”. A medida que aumentan las demandas y la falta de sueño, es importante que cuides de ti y tu bebé. Prométete que dormirás cuando el bebé duerma, despide a las visitas cuando estés cansada y ten la humildad de pedir ayuda.

Cuando Gina Maggerd, de Neon, Kentucky, tuvo a su bebé, pensó: “Esta soy yo, lo que soy después de dar a luz y no voy a preocuparme tratando de hacer que todos los demás se sientan cómodos”.

Tomar las cosas con calma también se aplica al bebé. “Tomé como regla que no despertaría al bebé si alguien venía de visita”, cuenta Joyce Anthony, una mamá de Erie, Pensilvania. (¡Sí, la gente preguntaba!)

Un sencillo cambio de imagen para mamá

Está bien, no vienen a visitarte: vienen a ver al bebé. Pero, aún así, no quieres recibir a las visitas en esos pijamas que has estado usando durante cuatro días seguidos.

Reserva un atuendo que sea lindo y cómodo. Póntelo antes de las visitas y luego sácatelo cuando se vayan para que se mantenga razonablemente limpio. Guárdalo en el mismo lugar, uno de fácil acceso, para que sepas dónde está en caso de que llegue una visita sin avisar. O “ponte un suéter tejido sobre los pijamas, sudaderas o prendas babeadas que estés usando”, sugiere Stacey DeBroff, autora de The Mom Book — 4,278 of Mom Central’s Tips — for Moms, from Moms (Free Press).

Para retoques rápidos, crea un puesto de belleza en el comedor o en la sala. Guarda toallas faciales, brillo para labios, un pequeño espejo, un pincel, sujetadores para el cabello y mentas para el aliento en una caja debajo del sillón. Después de un retoque, nadie sabrá que no te has dado una ducha ni cepillado los dientes. Guarda allí también almohadillas para lactancia a fin de que puedas cambiarlas antes o después de las visitas.

Qué decir y hacer

Hogar, limpio hogar

La falta de sueño, sumada a tus nuevas responsabilidades, hacen que resulte un desafío que la casa no parezca una zona de combate. Deja de preocuparte por ello. “Considera usar solo una sala para recibir visitas”, sugiere Maureen Wild, una anfitriona certificada de la Escuela de Protocolo de Washington, en Washington, D.C., que brinda capacitación sobre hospitalidad a la comunidad diplomática. “Puede ser tu salón o la sala de estar o, si vives en un clima cálido, el patio. Sé un poco más meticulosa para hacer que este espacio sea más atractivo para las visitas”. Sin embargo, no es necesario exagerar: “El desorden es parte del encanto”, agrega.

  • Olvídate de hacer las camas, acomodar la ropa para lavar o sacar la basura. Simplemente cierra las puertas de estas habitaciones. Concéntrate en las cosas que notarán las visitas, como pelo de perro en la alfombra, vajilla apilada hasta el techo o un cuarto de baño sucio. Olvídate de otras cosas que se ven menos, como polvo en los adornos o manchas de agua en la ducha.
  • Relájate y deja que tu pareja pase la aspiradora algunos días de la semana y que use toallitas húmedas de baño para limpiarlo. Para las cosas habituales que quedan tiradas por la casa, Amy Crane, una mamá de Erie, Pensilvania, sugiere “tener a mano una canasta para que la flamante madre o su ayudante metan rápidamente la ropa para lavar y luego escondan la canasta”.
  • Aprende a no pedir disculpas por el estado de tu casa. “Pedir disculpas hace que las visitas noten el estado de la casa y lo evalúen”, advierte Susan Isaacs Kohl, autora de The Best Things Parents Do (Conari Press). “No decir nada transmite el mensaje de: ‘Estoy cuidando a un bebé, por favor respeten eso’”.

Reparte tareas con el papá

Si bien tu compañero puede estar dándote una mano como un campeón, no sabrá qué es lo que te está estresando si no se lo dices. Esto ayuda a tener un plan para las visitas a fin de que cada uno conozca sus funciones. Debes concentrarte en estar cómoda. Antes de que lleguen las visitas, señala las cosas que él puede haberse olvidado en su limpieza. Si no lo haces, te vas a irritar y es posible que te sientas tentada a limpiarlo tú misma. Cuando lleguen las visitas, deja que él se encargue de la comida y las bebidas… tú puedes dedicarte a los regalos y a conversar. Decide que el papá será el portero, responsable de hacer entrar a las personas, que se sientan cómodas y de acompañarlas al retirarse. Si deseas tiempo para relajarte y hablar con las visitas, el papá estará más que feliz ocupándose de cambiar un pañal o calmando al bebé.

Fue un placer verlos… ¡adiós!

Si bien puedes estar feliz de presentar a todos al nuevo integrante de la familia, una visita larga solo hará que te sientas cansada. Deja en claro cuánto durará la visita de cortesía diciendo algo así: “Sería fantástico si pueden pasar a las 2 p.m., porque les cuento que habitualmente nos preparamos para una siesta a las 2:30 p.m.”.

Encárgate de las visitas. Michelle Palter, de Sea Cliff, Nueva York, relata: “Filtré mis llamadas. Las devolvía por tandas cuando tenía tiempo y también intentaba programar las visitas por grupos”. Tener tres visitas en un día simplifica el proceso de limpieza y orden: es la misma cantidad de trabajo para el triple de invitados.

Puede ser un desafío hacer que se vayan visitas distraídas, pero hay formas sutiles de lograrlo. “Mi truco fue decir simplemente que era hora de amamantar, tomar al bebé e irme”, sugiere Ami Weaver, una mamá de Manton, Michigan. Su esposo, Anthony, ponía al bebé a dormir una siesta, “luego mencionaba cómo yo, en general, dormía una siesta cuando el bebé lo hacía. Y se entendió la indirecta”, agrega.

Está bien ser directa y decir: “Lamento que sea una visita breve, pero es hora de amamantar al bebé”. Recuerda, se supone que las visitas deben ser divertidas. Y con un poco de control de la multitud, puedes disfrutar enormemente del nuevo integrante de la familia.

Brette McWhorter Sember, madre de dos hijos, es la autora de Your Plus-Size Pregnancy (Barricade Books).

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