Los niños necesitan tiempo libre también

 
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Casita en árbolClases de violín, los lunes. Fútbol y clases particulares para mejorar la nota de matemáticas, los martes. Los miércoles, natación. Los jueves, clases de chino. Sábados, artes marciales por la mañana y dibujo por la tarde. Sin lugar a dudas, los niños tienen más actividades extracurriculares que nunca, y los padres no quieren que sus hijos se queden atrás ya que las universidades, los colegios y hasta las escuelas primarias se ha vuelto excesivamente competitivas. Otros padres simplemente creen que a sus hijos les perjudica el tiempo libre. O quizá, por el horario exigente de sus trabajos, les conviene llenar el horario de sus hijos también.

Lo irónico es que son estos mismos padres los que en los años 80 tenían una o dos actividades, como mucho, a la semana, y horas interminables de tiempo libre para jugar con los vecinos, dibujar, jugar en la casita del árbol, crear cosas con barro, piedras y ramas, inventar juegos o simplemente tumbarse en el césped y ver las nubes pasar.

El problema es que los niños que en décadas anteriores hubieran jugado afuera con los amigos en su fortaleza imaginaria, hoy tienen la tentación de los videojuegos, las computadoras y la televisión. Y estas opciones suelen ser más accesibles para niños que viven en áreas urbanas donde hay menos espacio para jugar afuera. Por eso los padres consideran las actividades programadas como una alternativa beneficiosa que acorta el tiempo que pasan frente a pantallas. Pero el problema es que también reducen o eliminan por completo el tiempo libre (sin pantallas, claro) que es tan importante para la imaginación, la creatividad, la reflexión y el descanso mental.

Esta marcada diferencia entre la infancia de ayer y la de hoy ha dado mucho de qué hablar recientemente a autores, periodistas, blogueros y hasta a los mismos padres. Hace poco que el periódico The New York Times abordó este tema en un artículo titulado “Overscheduled Children: How Big a Problem?”. En él, Michael Thompson, psicólogo clínico y autor de The Pressured Child, dice: “Generalmente hay una línea divisoria entre una infancia enriquecedora e interesante, y un niño demasiado ocupado, y nadie sabe definirla a ciencia cierta”.

El psicólogo recomienda que los padres se enfoquen más en la calidad de vida del niño y en su bienestar que en la competencia. Primero, deben asegurarse que el niño duerma bien, no esté estresado y que tenga tiempo suficiente para las tareas. También es importante la opinión del niño. ¿En realidad quiere participar en tantas actividades? ¿Las disfruta o se queja de tener que ir y siempre busca excusas para faltar? Encontrar un equilibrio entre el aburrimiento (que es bueno en moderación) y las actividades no es fácil, pero es clave para tener un niño feliz, y la felicidad es el mayor logro en la vida.

 Foto: Creatas

 

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